Mi abuelo era sastre de barrio, hacia ropa a la medida del cliente. Y las mujeres cosían. Siempre había una modista cerca. Cada cuerpo, una historia
En los 60/70 llegó el prêt-à-porter, listo para llevar.
Elegís el modelo, te metés adentro, si te queda bien, genial.
Si no hay tu talle, fuiste.
¡Y llegaron las marcas! El cocodrilo, las tres tiras.
Ya no llevás tu nombre bordado. Llevás su logo estampado en el pecho. Y lo lucís con orgullo.
Aunque no tengas para comer, alta llanta para mostrar.
Después vinieron las redes. La selfie. Tik tok.
Moviendo la colita o con cara bonita te convertís en influencer y vivís de la gilada que quiere ser como vos.
Las series de zombis ya no son ficción. Son documentales.
Pero no te preocupes. Te vendo la pastillita de la felicidad
para que no te deprimas. ¡Y seguí participando!
En este contexto, ¿Vos querés vivir una vida a tu medida?
Mi abuelo era sastre.
Y yo llevo su nombre.